sábado, 29 de septiembre de 2007

Diseccionando el engaño: Triste biopsia de la estupidez humana

Introducción:


Resulta entre cómico y triste lo fácil que es engañar a la gente... cómico el ver al engañado como un pollo, cacareando felizmente en su ilusión; triste por el gran numero de personas que, hoy en día, prefiere no abrir los ojos y acepta voluntariamente vivir engañada... ¿Necesitamos ser engañados? ¿Tanto nos gusta?... ¿Dónde está el supuesto progreso?...



Una cuestión de educación:


Siempre ha sido así... somos víctimas de nuestra formación, puesto que de ella exclusivamente depende nuestra capacidad para identificar y combatir a aquellos que pretenden aprovecharse de nosotros, aquellos que sin piedad alguna esgrimen el negro acero de obscuros argumentos velados y parásitos... Argumentos con los que desde siempre nos han engañado y manipulado a voluntad.


Toda persona que haya desarrollado el uso de algún lenguaje posee, en mayor o menor medida, un marco moral, una serie de criterios que conforman una escala de valores mejor o peor estructurada a través de la cual sopesar la información recibida y obtener conclusiones al respecto, pero a pesar de esta capacidad de juicio, en cuanto juntamos a unas cuantas personas que comparten cierto punto de vista, ocurre algo realmente curioso:



Dios los cría y ellos se juntan:


Una gran masa de gente es tremendamente propicia a la sugestión, en cuanto alcanza ciertas dimensiones, la objetividad de la inteligencia de sus individuos parece volverse inversamente proporcional a su tamaño, en detrimento de una 'consciencia colectiva' que encaja más cómodamente bajo el nombre de estupidez colectiva... Mirad sino al fan enardecido del partido de fútbol, al seguidor tontamente ciego de aquél partido político, a aquellos capaces de somatizar todo tipo de trastornos físicos en pleno éxtasis religioso, o bien sufrir una experiencia religiosa en el concierto de su grupo trastornado favorito...


Hoy por hoy, gracias a la globalización y los innumerables canales de comunicación que esta nos brinda, el mundo entero se ha convertido en algo que bien podría describirse como la acumulación de estupidez más grande de todos los tiempos, un rebaño de dimensiones descomunales, absolutamente inconcebibles hasta hace unos pocos años.


Ahora bien, ¿recae en la globalización misma la culpa de esta tontería?. Ella es directamente culpable de influir indirectamente en este fenómeno, simplemente magnificándolo; es una herramienta, y como tal la eximo de toda culpa.

Como contraparte también es ella la 'culpable' de nuestro exponencial progreso científico y tecnológico... Está más que constatado: el caudal de información, cuanto más amplio mejor; el 'inconveniente' pues, parece recaer ahora en la imposibilidad de regulación dentro de la libre circulación de dicha información. Pero la libertad de expresión es absolutamente fundamental, por lo que la eximo de toda culpa.


Y si nos remontamos a sus orígenes, esta estupidez no es más que una consecuencia provocada por emisores de información contaminada, por mentes corruptas y desaprovechadas, seres humanos que, muy resumidamente, pueden ser considerados o bien como tontos o bien como cabrones, o bien ambas cosas.

(Nótese la particular tendencia de ambas virtudes a confluir y exaltarse en ciertos presidentes de grandes superpotencias)



Ataduras del pasado:


Resquemores aparte, el hecho es que el pensamiento racional es relativamente nuevo entre nosotros, y a pesar de que hemos logrado avances y proezas nada despreciables, seguimos irremediablemente atados a gran cantidad de ideas arcaicas y vicios, de supercherías y prejuicios, de creencias infantiles y valores obsoletos... Un yugo milenario que hace siglos perdió su razón de ser (si es que alguna vez la tuvo) y aún así nos lastra contra toda aspiración de realización y progreso.


Cuando esta particular colección de reliquias es lo suficientemente amplia, esta manera atávica de entender el mundo es inoculada al recién nacido mediante su educación... Tenemos entonces un niño que, desde su infancia, es el perfecto embrión de tonto, criado para ser una oveja más del rebaño, aquél que se dejará corromper y así mismo corromperá, ocasionalmente y por pura negligencia, a otros tontos colindantes. Y esta es la más abundante de las especies, ellos son los que carecen de criterio propio y objetividad, los que aún teniendo lo peor están convencidos de tener lo mejor, mientras son explotados ya rutinaria y descaradamente una y otra vez por hordas de cabrones ávidos de sangre.

Y la historia se repite, y se repetirá...


Por otra parte, la motivación del magnífico cabrón es puro egoísmo, él ha tenido también su escala de valores, mas, en vez de hacer lo posible por mejorarla (abogando por un bien común), o conformarse con la impuesta como el tonto, el simpático cabrón la ha destruido, o simplemente ha decidido que no le hace falta y la ignora, por lo que sus acciones carecen de toda reflexión susceptible de desencadenar remordimiento, el cabrón pues, corrompe en beneficio propio, y ciertamente este lobo es un gran aficionado a la caza de ovejas...

(También podría darse el caso de que la escala de valores del cabrón exista y funcione, siempre y cuando esta haya sido lo suficientemente cabrona desde el momento en que su marco moral comenzó a tomar forma).


Tradicionalmente el mundo ha sido poblado mayoritariamente por tontos, y los pocos cabrones que surgieron se hicieron de inmediato con el mando del rebaño. Y han hecho un gran trabajo: han conseguido que esta atontada estirpe se perpetúe y crezca indefinidamente, regodeándose en su propia imbecilidad; aún hoy en día, a pesar de la gran cantidad de información a la que tenemos acceso, estos mismos cabrones recurren al engaño y lo reinventan de mil y una maneras tan imaginativas como crueles; ya no es suficiente con vendernos un montón de ideas dogmáticas para obtener un ejército de acólitos serviles, puesto que el criterio indudablemente se ha agudizado en todos estos años (y a pesar de todo dudo de mis palabras, ya que este método tiene aún en la actualidad un éxito escalofriante).


Antaño las ovejas se sentían alegres de serlo, buscaban cobijo en el grupo y esa seguridad era su principal razón de ser; hoy en día, las modernas ovejas del siglo XXI necesitan creer en un paradigma de libertad dentro del cual todo ocurre como ellas quieren. Todos quieren los beneficios del rebaño, pero nadie quiere ser uno más. Todos quieren su libertad, pero les aterra la responsabilidad que esta conlleva. Y desde luego los grandes cabrones no han hecho esperar a estos tontos y les han dado exactamente lo que (previamente les han hecho creer que) querían, los tontos son 'felices' en su nube, los cabrones mucho más. Es un espectáculo sinceramente penoso...



Rompiendo esquemas:


¿Y qué podemos hacer contra esta dinámica explotadora? Lo primero desde luego es abrir los ojos y tomar consciencia de lo que está pasando. Hemos de desarrollar una mente crítica y unos criterios propios, dignos del siglo XXI, dejando a un lado aquellas pesadas antiguallas que en contra de lo que nos quieren hacer creer, no por ser ancestrales son más ciertas ni mucho menos útiles, y hemos de procurar que nuestra escala de valores sea justamente nuestra, y no una nueva copia del arquetipo ovino de pensamiento. Atrevámonos a pensar por nosotros mismos, superemos de una vez esos miedos infundados inculcados desde siempre y no dudemos en cuestionar a la autoridad cuando esta carece de sentido alguno. Y nunca dejemos que nadie nos imponga su manera de entender el mundo. Cada uno ha de tallar su propio prisma utilizando al resto del mundo como referencia, como modelo a no-seguir con unas pocas honorables excepciones...

Y en cuanto alcancemos el equilibrio justo, en cuanto tengamos toda la inteligencia del cabrón y toda la inocencia del tonto, entonces podremos realmente considerar que hemos trascendido y formamos ahora parte de una especie muy escasa, una especie que acaba de nacer de las cenizas del inconformismo. Nietzsche lo llamaría el superhombre; yo, que acabo de rebajar a animales a gran parte del planeta, me conformo con llamarlos personas.



Fede.

sábado, 22 de septiembre de 2007

Abismo Interconsciencial: Communication Breakdown

Introducción:


El tema que hoy me propongo abordar es el de las relaciones interpersonales, enfocando la atención especialmente en aquellos factores que propician la ruptura de la comunicación en las mismas.



Entiendo por relación interpersonal cualquier tipo de vínculo mental y afectivo establecido entre dos personas (salvando así el abismo que separa ambas consciencias) en el que se intercambia información y sentimientos que (cuando todo va bien) estrechan aún mas la propia relación.



Me refiero principalmente a la amistad, aunque también sea posible extrapolar las conclusiones al campo amoroso, a las relaciones familiares, e incluso a la política internacional.



El duro pero delicado Árbol de la Amistad:


Como suele decirse, la amistad es un árbol que requiere de nuestros cuidados más afanosos y de una dedicación sólida y constante. Tras verter en ella años y años, se convierte en una imponente mole fundamentada esencialmente en la apreciación sincera y el respeto mutuo.



Pero así como el árbol centenario capaz de resistir un huracán muere si sus raices son envenenadas, haré un repaso sobre los factores capaces de acabar con el Árbol de la Amistad, más específicamente comenzando por aquellos cargados de malas intenciones.



El Árbol de la Amistad: Presentando el Kit de Tortura


Muchos son los factores capaces de convertir una buena amistad en poco más que un montón de cenizas humeantes, el que merece el primer puesto, sin lugar a dudas es la MENTIRA. Me refiero a la mentira consciente, fría y premeditada.

Desde luego, siendo la transparencia el pilar fundamental de toda relación persona-persona, mentir es una puñalada trapera, es ácido en las raíces, la muerte de su esencia misma que deja un yermo e inhóspito paisaje donde antaño florecían alegres sentimientos...




En segundo lugar tenemos a la ENVIDIA, los CELOS, el EGOÍSMO y el RENCOR, que resultan un atentado en toda regla contra cualquier aspiración a un respeto mutuo, imposibilitando la igualdad y además evidenciando que algo falla en la percepción de la persona que los sufre.

Considero a la VENGANZA (habitualmente sin justificación racional) como la manifestación práctica de estos sentimientos, como verdugo y mano ejecutora de la destrucción causada por los mismos.



En tercer lugar tenemos al ORGULLO, la SOBERBIA de aquel que infundadamente se cree superior, anteponiendo su interés ante todo, poniendo sus necesidades por delante y nunca mirando a través de los demás.

El orgullo suele desembocar también en INTOLERANCIA; juntos arremeten contra el respeto mutuo y sobre todo, imposibilitan la apreciación sincera de la persona que tenemos delante, cegando a quien los padece mediante el negro velo de un endiosamiento ridículo y ficticio.




En cuarto y último lugar se encuentra el INTERÉS que al ser totalmente antagónico a la amistad, da lugar a una amistad unidireccional en la que la víctima cree en una reciprocidad del todo inexistente, mientras que el interesado obtiene sus beneficios.

El interés suele conducir al VAMPIRISMO EMOCIONAL capaz de secar y destruir totalmente a una persona, o según las intenciones, puede resultar peligroso para el bolsillo del pobre incauto.




Resulta chocante hablar de las grandes virtudes de una buena Amistad, para exponer a continuación todo un kit de tortura con el que acabar con ella. No tiene ningún sentido, dentro del marco de la amistad, recurrir a toda esta parafernalia inquisidora que no lleva más que a la destrucción...



El Árbol de la Amistad: La Muerte Dulce


Sin embargo, lo que acaba siendo un gran incendio, a menudo comenzó como un pequeño chispazo, y lo que puede acabar en una espiral de destrucción imparable, suele nacer gracias a un factor sutil, el cual suele pasar inadvertido y normalmente carece de toda mala intención. Y aquí precisamente es donde reside su gran peligrosidad...



El factor sutil por excelencia es, indiscutiblemente, la TENSIÓN ACUMULADA.


Es francamente sorprendente ver como a veces surge un conflicto entre dos supuestos 'grandes amigos', y resulta pasmosa la sangre fría con la que se tratan, pasando de ser 'amigos del alma' a 'peores enemigos' en segundos, sufriendo una transmutación tan bestial y repentina que resulta del todo inverosímil.


La tensión acumulada es el factor desencadenante, y al mismo tiempo, un largo proceso en el que se gesta la negatividad, que permanece latente hasta el día que cae la gota que colma el vaso.



Callar esos 'pequeños detalles' que nos desagradan, ceder un pasito de terreno para nunca recuperarlo, dejar cabos sin atar y no expresar nuestras necesidades, deseos y sentimientos (o que estos no sean oídos) son acciones que constituyen una auténtica bomba de relojería que lleva inevitablemente a grandes hostilidades, a un odio totalmente irracional el día en que explota.


El gran peligro radica en el hecho de que la tensión acumulada no suele hacerse patente hasta que es demasiado tarde... Cada vez es mas habitual ver la 'típica noticia' que reza aproximadamente así: “Un hombre mata a 15 personas y se suicida posteriormente. El barrio entero está conmocionado, y los vecinos, quienes lo describen como un joven 'muy sociable, simpático y totalmente normal', aún no dan crédito a lo ocurrido".

Aún sin ser tan extremistas, la tensión acumulada suele ser razón más que suficiente para echar mano del kit de tortura previamente expuesto y utilizarlo sin un ápice de remordimiento.


La tensión acumulada ha de ser erradicada de raíz, y la principal arma contra ella es la COMUNICACIÓN. Hay que plantear las diferencias de manera adecuada en el momento adecuado, y sobre todo NUNCA tragarse los problemas. Si la otra persona no sabe escuchar, la cuestión puede volverse bastante más peliaguda, ya que entonces hay un doble trabajo por hacer...


Así pues, hablemos las cosas a tiempo, en su tiempo y planteándolas desde un punto de vista asertivo, y mientras prime la buena fe entre nosotros, conseguiremos enriquecernos y convivir en paz.


Un saludo...


Fede.

sábado, 15 de septiembre de 2007

Diseccionando la felicidad: Una alegre autopsia

Introducción:

Es algo tan natural como el respirar en un ser humano el preguntarse por su propia felicidad.


¿Por qué sufrimos?, ¿Estamos condenados a vivir? ¿Es la felicidad algo más que una simple utopía prometida por religiones y explotada despiadadamente por grandes plagas de libros de 'autoayuda'?


Ahondaré el tema de la felicidad (aún arriesgándome a ser tachado de pretencioso) desde un punto de vista puramente racional, dando argumentos lógicos y procurando no recurrir a ningún tipo de floritura pseudoromántica (más propia de la mística y de la lírica que de una reflexión lógica y coherente) que tan solo sirve para embellecer un texto y dotarlo de una cierta complejidad aparentemente trascendental que lo haga más creíble ante ojos incautos sedientos de respuestas, a costa de reducir drásticamente su calidad y claridad.


Intentaré explicar, de la manera mas sintética posible, pero sin perder generalidad, lo que entiendo por felicidad (realmente felicidades), procuraré definirlas tanto como me sea posible para analizarlas y aplicar las conclusiones obtenidas a la práctica, condensándolas en una serie de pautas de comportamiento y pensamiento sostenibles que, idealmente, puedan servir como guía de acción.


Dualidad Humana:


El ser humano es dual. Su pensamiento es dual por naturaleza. Desde el día en que su ego despierta y la persona toma consciencia de si misma, comprende que es 'algo' delimitado, separado del resto del universo.


Y aunque con el tiempo obtenga una visión cada vez mas amplia del entorno que lo contiene, nunca cesa en su empeño de creerse único, diferente.


Nos resulta especialmente complicado entender la posibilidad de que nuestro universo no tuvo un inicio (si no que existió siempre) y que a su vez puede carecer de final. Lo mismo sucede con la dificultad innata para entender que hay (o no hay) más allá del universo y conceptos matemáticos como el de infinito.


Si no existiese el mal, tampoco tendría sentido hablar del bien como se hace habitualmente. Entendemos la vida y la muerte como polos opuestos... y así los ejemplos son inacabables.

La organización dualizadora es una herramienta básica de la lógica estructuradora de nuestra mente. Ya sea por cuestiones evolutivas, culturales, o por razones que escapan a mi conocimiento, nuestra mente suele ser ineficaz a la hora de trascender más allá de la dualidad y pensar en términos absolutos.


De hecho, nuestra manera de pensar se rige en el día a día por esta dualidad, por el contraste entre 'polos' y la diferencia gradual de los mismos:

Si me gusta/sirve/conviene es bueno; si no, es malo. Matizo gradualmente y actúo en consecuencia.


Pero en ocasiones, la moneda de dos caras que tanto nos facilita la vida, puede resultar también un hacha de doble filo; y como tal, ha de ser tratada con sumo cuidado a la hora de utilizarla, ya que en (demasiadas) ocasiones el verdadero conocimiento se oculta tras una fachada evidente, pero finalmente falsa.





Dos Felicidades:


Tras esta introducción, trataré principalmente con los conceptos de felicidad dual y felicidad absoluta. Teniendo ambos en común poca cosa más que la primera palabra que los denota.


La felicidad dual es la que normalmente nos pasamos toda una vida persiguiendo infructuosamente, es una pieza realmente interesante dentro de la numismática de valores, me referiré a sus dos caras de ahora en adelante simplemente como felicidad, llamando a su opuesta infelicidad.


La dualidad felicidad-infelicidad se encuentra profundamente arraigada a la manera occidental de pensar: Para alcanzar la felicidad hay que ser asquerosamente rico, tener posesiones materiales valiosas, terrenos... Más es mejor (por tanto, menos es peor), y esto nos lleva a una espiral insaciable de consumismo que, como está más que demostrado, a largo plazo nunca conduce a la satisfacción.


Es la fiebre consumista, el materialismo más acérrimo, la superficialidad elevada a su máximo exponente y el dinero ascendido al mismísimo nivel de un Dios lo que nos lleva constantemente a pretender 'comprar' la felicidad. Pero aspirar a alcanzarla no deja de ser una pueril utopía, puesto que la dualidad inherente del concepto hace imposible obviar una de las dos caras del mismo mientras exista la otra.


Cuando observo a mi perro, dudo seriamente que sea desdichado... puede estar mirando la televisión, mirando la galleta que tengo en la mano o con la mirada perdida en el vacío. En ningún caso observo en él el menor atisbo de infelicidad. Por lo tanto, deduzco que mi perro se encuentra en un estado ajeno a la felicidad dual, tan diferente de ella tanto como lo es un diamante de un trozo de vidrio. Mi perro es feliz, puesto que es un ser despierto, vivo, siempre dispuesto a dar cariño y porque no, simpático. Pero no es feliz desde una concepción dual; Mi perro es absolutamente feliz.


La felicidad absoluta es, por lo tanto, la felicidad original, unilateral y autocontenida, la que no depende de ningún otro factor contrapuesto para salir a relucir, es la que manifiesta mi perro limitándose a existir y la de un niño de pocos meses que contempla el mundo fascinado, aún sin haber caído en la desdicha dual.


La felicidad dual, en cambio, no es más que un frágil equilibrio que en vano intentamos decantar hacia la felicidad, pero que constantemente cae hacia la infelicidad.




Poniendo las cosas en su sitio:


Pero teniendo clara la distinción entre felicidad dual y felicidad absoluta... ¿Dónde empieza una y dónde acaba la otra? Tomaré como paradigma de la felicidad absoluta a mi perro, y a mí mismo como representante de una humanidad dualmente infeliz.


Para compararnos, utilizaré la Pirámide de Maslow, que consta de 5 peldaños que definen las necesidades básicas del ser humano, a saber: Necesidades fisiológicas, de seguridad, de afiliación, de reconocimiento y finalmente, de autorealización.


Los primeros tres peldaños (Necesidades fisiológicas, de seguridad y de afiliación) son comunes a mi perro y a mí, también son los de un niño que acaba de nacer. El 'problema' surge en el cuarto, y sobre todo quinto peldaño (que en la pirámide de Maslow es más vago y general que los cuatro primeros), que es donde comienza a manifestarse el potencial humano que desemboca en la dualidad.


La infelicidad surge fundamentalmente por cuatro factores que en un momento u otro, siempre se vuelven en nuestra contra:


  • Las expectativas propias (Que propician frustraciones, fracaso, impotencia frente al mundo,,,)

  • Las expectativas ajenas (Que nos hacen susceptibles de sentir decepción, inconformidad, vacío y despertar emociones como la ira y la venganza...)

  • Las expectativas de futuro (De las que surgen miedos, inseguridades e incertidumbre paralizante)

  • El pasado reprimido o no asumido (Que nos ata, nos persigue y nos impide avanzar, causando sentimientos de culpa, impotencia, odio...)


Teniendo claros estos cuatro factores fundamentales, resulta trivial el problema planteado por la felicidad dual: Lo que yo propongo es erradicar la dualidad, suprimir los factores susceptibles de hacérnosla experimentar, eliminando así la posibilidad de sentir infelicidad, y, a pesar de sacrificar también la felicidad en este ataque, obtener una recompensa más valiosa aún: Felicidad absoluta, original y unilateral.

Aniquilando la Dualidad:


  • Las expectativas propias surgen de actuar con resultados en mente. Es tener la vista fijada en la meta y no pararse a contemplar el camino; de hecho, ni siquiera tomar consciencia de este.

    No pretendo de ninguna manera defender que no hemos de tener metas en nuestra vida, ni mucho menos que estas sean secundarias. Si no que, una vez propuesta dicha meta, uno ha de concentrar todos sus esfuerzos en alcanzarla dándose cuenta de que no es necesario desperdiciar tiempo y energía en un anhelo constante, evitando juzgar nuestra actuación y cargarla de una inmerecida trascendencia que puede conducir a la infelicidad. Si uno tiene la seguridad de estar dando todo de sí en el camino que trazó inicialmente, no tiene porque juzgarse, no hay razón para mirar el final, lo sensato es centrar todos los esfuerzos en el camino y, al llegar a la meta sin expectativa alguna, tomar consciencia de que las cosas simplemente son, y que no existe razón alguna para juzgarnos, frustrarnos o sentirnos más (o menos) exitosos mientras tengamos la seguridad de habernos esforzado al máximo.

  • Las expectativas ajenas surgen de la esperanza (y el engaño) de que los demás piensan igual que nosotros.

    No sería una solución sostenible el eliminar todo contacto interpersonal, pero para evitar este tipo de expectativas, lo mejor es comprender desde un principio que nadie piensa exactamente igual que nadie; luego, uno ha de comportarse de manera juiciosa: No des ni más ni menos de lo que recibes a no ser que al hacerlo alcances cierto equilibrio interno no susceptible de desembocar en infelicidad.

    Al actuar de una manera impersonalmente objetiva y justa, se evita caer en falsas esperanzas, autocrítica o crítica ajena y, llegado el caso de sufrir una 'injusticia' por parte de otra persona, dada la limpieza de consciencia por nuestro propio comportamiento, no se han de desperdiciar esfuerzos en recriminaciones, si no aprender de los errores y no volver a caer en ellos.

  • Las expectativas de futuro producen miedo. Miedo a la incertidumbre, o a certezas negativas. Teniendo en cuenta que el futuro no está inequívocamente determinado, cualquier preocupación por él es un derroche innecesario de energía. El futuro pues, no se ha de visualizar y vivir como el presente. Nunca se ha interpretar como un cúmulo de oscuros sucesos por venir, ni tampoco suavizarlo artificialmente. De hecho, lo mejor es no interpretarlo: Contemplarlo de manera objetiva y sabiendo que nada se puede dar por hecho, utilizándolo para afinar nuestras metas y predecir posibles contratiempos durante el camino, pero nunca dando por supuesto un hecho aún por ocurrir.

  • El pasado reprimido o no asumido es una peligrosa atadura. La manera de tratar con él es asumiéndolo. tomando tanto lo bueno como lo malo, puesto que nosotros somos, en gran parte, la superposición del gran cúmulo de experiencias que nos han llevado hasta donde estamos en este mismo instante. Reprimir lo negativo no lleva más que a tensiones acumuladas, a traumas y a una 'tranquilidad' que mucho tiene de autohipnosis. Nosotros somos nuestro pasado. Negar el pasado es negarse a uno mismo, odiar el pasado es despreciarse a uno mismo. El pasado no puede ser cambiado de ninguna manera, por lo tanto no tiene sentido vivir con un pie en él, sufrir por él.

    Aquel que vive en su pasado, más que dedicarse a sumirse en su melancolía y torturarse, debería de reflexionar y preguntarse qué podría hacer para mejorar el presente. Teniendo claro esto, nos aseguramos de que estamos yendo siempre a mejor.

  • Finalmente, dado un caso lo suficientemente extremo como para producir una infelicidad más fuerte que la voluntad propia de evitarla, tan solo el tiempo es capaz de dar una perspectiva lo suficientemente amplia como para contemplar el problema, asumirlo, racionalizarlo y aceptarlo.



Conclusión:


...Y cuando hemos acabado con la felicidad dual, la felicidad absoluta sale a relucir. Pues es la felicidad espontánea, la que existe por el simple hecho de respirar, por ser conscientes de que somos conscientes, por la alegría de vivir y existir que nos hace fijarnos en esos 'pequeños detalles' en los que, como suele decirse, se encuentra la verdadera felicidad.





Y ahora, si alguien ha llegado hasta aquí (cosa que dudo seriamente) aprovecho para mandar un GRAN saludo a APM, ya que sin sus conversaciones nunca se habría producido el chispazo que acabó convertido en este texto, y a mi perro, por ser tan mono de cara.




Fede.

martes, 11 de septiembre de 2007

Declaración de intenciones: Una introducción

Bienvenidos a mi humilde intento de crear (y más difícil aún: mantener activo) un blog.

Hace ya tiempo que en mi cabeza ronda la idea de tener un blog. Pero tan buen punto las ideas empezaban a fraguar, éstas eran inmediatamente derruidas por las mismas dudas e inseguridades: "No sé de que tema tratar (que merezca la pena)", "No podré mantenerlo", "Será una ridiculez" o simplemente "No te hace falta tener un blog".

Pero lo cierto es que aquí estoy cara a cara con el... No pretendo que se convierta en un gran referente de nada, ni tampoco es mi intención plasmar aquí mi día a día como si fuese esto un confesionario/un programa de prensa rosa. No... De hecho, aunque tengo en mente los trazos básicos que delimitan mi idea de blog, aún no se me presentan con suficiente claridad (o no me he alejado de ellos lo suficiente) como para describirlos de forma acurada y concisa, así que lo que haré será ni más ni menos exponer las razones que me motivan a hacer lo que estoy haciendo:

Abstrayéndonos a un plano puramente intelectual y dejando a un lado, en lo posible, las emociones, coincido plenamente con la frase con la que el gran escritor Howard Phillips Lovecraft inicia su relato "La Llamada de Cthulhu".

"Lo más piadoso del mundo, creo, es la incapacidad de la mente humana para relacionar todos sus contenidos."
H.P.Lovecraft

¡Qué tristeza!, ¡y qué impotencia también! Poseemos miles de millones de neuronas en nuestro cerebro, todas ellas interconectadas. Durante nuestros años de formación y crecimiento asimilamos ingentes cantidades de información casi sin darnos cuenta, y luego continuamos aprendiendo, nos educamos. Idealmente, no deberíamos de acostarnos cada noche sin haber aprendido algo nuevo.

Y, si bien es cierto que existen personas que le sacan partido a dicha combinatoria (hasta el punto de que históricamente, en casos aislados, surge algún que otro 'genio' que estremece a la humanidad hasta sus cimientos; que hace caer un velo que nos limitaba, descubriendo ante nuestros ojos paradigmas totalmente revolucionarios e inimaginables hasta entonces, o simplemente relacionando conceptos de una manera única, con una chispa de genialidad irrepetible), si nos paramos a contemplar las cifras, si tomamos consciencia de la información potencial, la creatividad latente, las dimensiones intelectuales que se podrían alcanzar con que tan solo un cerebro fuese capaz de relacionar el todo con el todo, entonces se abrirían las puertas a un torrente (por definición, inimaginable) de información...


Mi blog es, pues, un tímido acercamiento a esta manera de entender las cosas. Un pequeño rinconcito de la Red en el cual expondré reflexiones, hipótesis o ideas sueltas fruto de la relación de conceptos de 'cosecha propia' (citando fuentes en caso contrario).

Pretendo así, no tanto profundizar en ningún tema particular, sino ampliar el horizonte del pensamiento, intentar ir cada vez un poco más allá en esta batalla (perdida de antemano) por la relación universal.

Espero también que estos pequeños granitos de arena sean 'contagiosos' y motiven a más personas a pensar no como obligación, si no como afición.

Apreciaré cualquier tipo de crítica constructiva y comentarios en general.

Un saludo...

Fede.